lunes, 3 de noviembre de 2008

Génesis

Al parecer yo aprendí a conversar antes que a hablar. Eso deduzco de las veces que he oído a mi madre decir que siendo muy pequeña los niños me rodeaban mientras yo contaba historias, combinando un lenguaje totalmente incomprensible para cualquier oído sano con mi característico movimiento de manos. Con el tiempo -y el habla- fuí diversificando mi estilo y mi público, especializándome a corta edad en conversaciones con adultos, gracias a la forma respetuosa que heredé de una vecindad llena de gente mayor y unos adorables tíos abuelos.
Cuando por fin (durante el último mes de plazo antes de repetir el curso) aprendí a escribir, exageré el uso de los signos de exclamación e interrogación, las mayúsculas y los puntos suspensivos, y no logré ocupar el ancho total de una página a causa de haber pasado tanto tiempo haciendo palotes en un cuaderno mucho más pequeño, pero eso no impidió que comenzara a escribir cartas, que fueron mi escape creativo desde la infancia.
Dada mi facilidad para la argumentación, a los ocho años me vaticinaron un gran futuro como abogada; sin embargo, en mi extrañeza prematura yo quería ser ornitóloga, profesión que desheché por ser demasiado desconocida y confundida con la de "odontóloga".
Mis días de colegio los recuerdo al revés, dada media vuelta en mi asiento conversando hacia atrás. Si hubiese entendido que la clave era sentarme detrás de las niñas a quienes quería conversarles, tal vez me habría ahorrado muchas expulsiones de la sala. El colegio me dejaba de gustar cuando me pedían la tarea hecha que yo, por supuesto, no había recordado hacer, y cuando me obligaban a tejer. Y a leer un libro. Y a pintar sin salirme del contorno. Y a hacer composiciones de un tema que yo no elegía. Creo que, básicamente, no me gustaba el colegio.
Amaba incondicionalmente, sí, mi taller de Teatro. No sentí decepción al recibir la noticia de que mi papel en la obra era el de una araña, sin diálogo, casi parte de la escenografía. Mi profesor alentó todas mis ideas y me permitió incluso decir una línea. Para ser araña colgué un tejido en la esquina del escenario, conseguí un par de palillos de enormes, y me vestí de negro tiñendo mi cara con betún. También conseguí que mi entrada fuera desde atrás del público. Así se transformó en un gran papel, para mi profesor nunca dejé de ser "la araña" y recuerdo la cara de espanto de las niñitas más pequeñas al verme entrar por sus costados a escena. Dicho sea de paso, no recuerdo la línea que inventé, pero sí, que el público se reía.

Así como en kinder me reprendieron por pintar un perro con franjas de colores y me enteré de que no hay que hacer lo que uno siente si no lo que la profesora quiere, parece que la vida permitió que yo guardara sólo para mí, y algunas sobremesas, la afición de contar historias. Sin embargo, como de adultos nos liberamos de muchos pudores (en su primera acepción) decidí que me gusta mi extraña vida y mi, no menos excéntrica, forma de verlo todo como en caricaturas. Y me entretiene inventar diálogos con los perros en la calle o piropear a un tipo guapo -incluso si se ha bajado de mi propio auto- cuando voy a puerta (y ventana) cerrada. Hay cosas de uno mismo que no se pueden negar.
Pasé años reteniendo imágenes en mi memoria hasta que tuve mi primera cámara de fotos, y asimismo hay varias historias que salen solas por mi dedos a partir de la creación de mi primer blog y de éste, que es el pequeño mundo en que comparto con ustedes mi humana y discreta forma de ver.

3 comentarios:

  1. la verdad la verdad...si es muy cierto...somos de esas personalidades histronicas, no siempre bien entendidas o comprendidas..y que fuimos lo suficientemente locas....pa inventarnos un mundo paralelo...el que nos ayuda a ser feliz y "Hacer" felices... es cierto..definitivamente, si el sol no sale, esta en uno de sacarlo...

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  2. jajaja, me acuerdo del colegio, no te gustaba, pero era entretenido compartir todos los días, reirnos, actuar (yo fui la mamá coneja), bailar y que nos retaran a cada rato por conversar....

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  3. Sol... aun no leo tus letras.... pero por fin logré hacerme un tiempo y dar una mirada.... cuando tenga mas degustada la dosis... te escribo las opiniones... un abrazo... y felicitaciones, eso de desnudarse no es fácil, aunque sea por la red tiene su grado de dificultad... tati

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