Esta historia parte el año 2008 cuando me dijeron que lo que yo escribía
era como Sex and the City y las columnas de la Consuelo Aldunate.... ¿quién?
Sabía que con Sex and the City no tenía ni media línea en común,
pero no conocía a la famosa Consuelo que mis amigas sí, así que la leí. Su
estilo exigente y tan dedicado a la búsqueda de marido, no me conquistó, pero
ya sabía con propiedad a quién se referían. Eso creía.
Mi sorpresa fue grande cuando supe que doña Consuelo ¡no existía! sino que
era nada más el seudónimo de Claudia Aldana, la periodista que escribía en la
YA su columna “Mi Primer Año con Fátima”, que no sólo me había encantado si no
que era la razón de ser de mi suscripción al Mercurio, una vez que me di cuenta que
era 0% ecológico recibirlo en papel y no leer más que dos revistas a la semana.
Un día le escribí y ella tuvo la idea de enviarme su mail y decirme “escríbeme
cuando quieras”. Desde ese momento la he acosado por mail, y en cuanto vi este video en el verano http://www.youtube.com/watch?v=mjLpJboOQy4
, me acordé de la Fátima, de los deseos de Claudia sobre su total integración, y
se lo mandé.
Seguí siendo ultra fan de "Mi primer año con Fátima", hasta que un día leí que se acababa. Desahogué
mi sensación de abandono con Claudia y ella, empatizando con mi pena (o tal vez tratando de evitar que me
fuera a encadenar a las afueras de El Mercurio exigiendo que reconsideraran la
columna....), me reconfortó con una invitación
al lanzamiento de su libro “Downtown: Cómo un hijo con síndrome de Down mejora
la vida” y me mostró su proyecto de sitio web www.unamamachilena.com
Después de varias semanas, POR FIN anoche, fue el esperado lanzamiento.
Había mirado la dirección en internet y hasta preguntado
por mail al restaurant si había estacionamiento. En mi absurda
ignorancia y
previniendo la posibilidad de que la autora autografiara, partí a
comprar el
libro que, por su puesto, no estaba porque como me explicó el dependiente
mo du lán do me palabra por palabra “ese libro se lanza hoy”, lo que
era correcto, “así que llega a la
librería el jueves” ¿¿de dónde pude yo suponer que iba a encontrar un
libro si
aún no se había lanzado?? Así que sin más, tomé rumbo al Restaurant
CasaMar
disimulando mis nervios de llegar a un lugar en que nadie me conocía ni
por
lejos.
Así fue que me estacioné según mi gps interior, en una callecita a la
altura del restaurant. Estaba segura. Lo había memorizado. Así que agarré mis
rositas bien cocorocas en papel celofán, y comencé mi caminata hacia el norte...
llegué a la esquina y no estaba el restaurant... mmm... yo estaba
segura, así que caminé hacia el sur.... miré hacia el frente... nada. La gente
me veía pasar de un lado al otro con mis flores y yo me sentía como los que
llevaban el ataúd en el Japenning con Ja. Decidí sentarme en un paradero, para
poder maniobrar celular, flores y cartera, y busqué la dirección. Entonces supe
que yo estaba al frente de donde debía, que el lugar tenía que estar a media cuadra y que la fachada del restaurant seguramente era
mucho más discreta de lo que yo esperaba. Las mismas personas que me vieron pasear
con mi ramo, me vieron caminar metros y metros hasta el semáforo, mientras ellos
cruzaban a media cuadra nomás. Y nos encontrarnos en la puerta.
Una vez en la entrada, actitud. Mirar como que era una habitué de los
lanzamientos e íntima amiga de la escritora. Y entré (confundida entre estos
señores bien elegantes que me miraban a ver si me reconocían de alguna parte).
El
restaurant es de un ambiente muy agradable. En el segundo piso estaba
todo
preparado, incluyendo una venta del libro con un encantador descuento,
un salón
dispuesto con testera y muchas sillas aún vacías. Pero yo, con mi único
atributo de amiga por twitter, preferí quedarme de pie. Y me quedé en la
entrada al ladito de la mesa de sonido.
Entonces, una niñita de chaleco amarillo pasó por mi lado caminando y
cuando
subo la vista, la mismísima Fátima pasaba por mi hombro, en brazos de su
papá, que era pura
sonrisa. Al lado venía su mami que sonreía nerviosa y con un ojo en su
Lules. Ver a estas dos niñitas, ya me emocionó, y como mi cerebro
relaciona
lágrimas con las historias que cuenta Claudia, ahí mismo me empezaron el
nudo
en la garganta y los ojos vidriosos.
Me
deshice de tanta preocupación por el qué dirán, y me senté. Me ubiqué
al lado de
Cristopher, un joven con síndrome de Down que trabaja por las mañanas y
pinta por las tardes, que fue con su mamá al lanzamiento. Claudia se
instaló junto a quienes presentaban su libro. Su marido, en
primera fila, se sentó con Lules a un lado y Fátima encima. Desde mi
posición disimulada en la tercera fila, escuché a Neva Milicic contando
que se "imeileaba" con Claudia, pero se acababan de conocer en persona. Y
a quien presentaba el libro, diciendo que conocía a Claudia hacía sólo
tres semanas ¡¡O sea que yo perfectamente podría estar presentando su
próximo libro!! En ese momento me senté a mis anchas, al fin y al cabo,
yo no era la única a medio conocer en esa ceremonia.
Sin
desmerecer los discursos de cada uno, la estrella del momento era la
Fati que, mirando sobre el hombro de su padre, dedicaba
mega sonrisotas a los de la segunda fila. Y entonces Claudia comenzó a
hablar. Todo lo que dijo fue fluído y simpático, como su libro. Disfruté
sus agradecimientos, disfruté confirmar que es aún más simpática de lo
que ya la imaginaba.
Cuando
todos terminaron, el aviso fue que la autora firmaría libros. Sin
buscarlo, quedé nada menos que cuarta o quinta en la fila. Ella,
dulcísima, se tomó todo el tiempo del mundo con cada uno, mientras atrás
se armaba una fila enorme y por poco silbaban "fifi fifiuuuu". Cuando
llegué a su lado y le dije mi nombre, me reconoció diciendo "tú me
mandaste el video..", nos fuimos de besos y abrazos, le entregué sus
tres rositas (una por ella, otra por Lules y otra por Fátima), escribió una dedicatoria en mi ejemplar del libro y me despedí.
Ahí
estaba yo, codo a codo entre la reportera de las madrugadas, Leo
Caprile y Julia Vial. Y uno se da cuenta que son "gente como uno" ¿qué
puede tener de especial la Julia Vial que no tengamos las demás? Aparte
de la facha. Y los ojos... Y el cutis.... Y una sonrisa perfecta.... Y
una bellísima hija con síndrome de Down.... ¡Ídola!
Con
mi tesoro (libro autografiado) bajo el brazo, la misión había
culminado. Pero quedaba algo... ¿sería que podía acercarme a la Fátima
una vez más? Me instalé al lado de la señora que la custodiaba en sus
brazos y me puse a conversar. Le pregunté qué era ella de la bebé y me
dijo que su abuela.... ¡materna!... Ahí figuraba yo, pierna arriba,
conversando de tú a tú con la mamá de la Claudia (nótese cómo pasé de
"Claudia" a "la Claudia"), quien me contaba lo buena que era su nieta
menor. Después de un entretenido rato y conversar con personas que se
acercaban a guaguatear como yo, me despedí. Tomé la mano izquierda de la
Fátima y me quedé con su aroma.
La
Lules estaba toda feliz con una corona plateada en la cabeza y una sonrisa
de oreja a oreja. Había niños con síndrome de Down, papás de bebés con
síndrome de Down, todos felices en esta especie de fiesta por el respeto a la diferencia. Dí
un vistazo más. Miré el entorno, el ambiente entretenido, hice contacto
visual con unas empanadas que seguramente no eran aptas para
vegetarianos, y me fui.
En
el ascensor, subiendo a casa, leí la dedicatoria: "Para Sole, mi amiga
virtual que me enseñó que ser diferente es normal. Un abrazo. Claudia". Y
yo sólo podría decirle "Gracias a ti por acercarme a la Fátima, a tus
sentimientos, a tus temores, y a la alegría de una familia preciosa".