viernes, 16 de noviembre de 2012



Aún me da pena cuando miro tu ojito, porque pienso en los otros. En los otros que como tú, quedaron abandonados por la vida mientras son bebés, en un lugar hostil, lleno de perros y gatos grandes, que como todos, luchan por su territorio y comida, sin permitirle a los más pequeños comer. En los que agarran una infección y la falta de cuidados les roba un ojo, o los dos, o una extremidad, o la vida.

Me da tristeza porque la compasión es ponerse en el sufrimiento del otro y aunque no se vean, no se huelan, no se perciban, ahí están muchos “Pepa” sufriendo, llenándose de enfermedades, de heridas, de pulgas, y también de miedo, de agresividad por el hambre, de temor por los golpes y las mordidas.

Y aún con esa pena negra que se instala varias veces en el día, hay un espacio, ese en que te hablo y me regalas con un ronrroneo inmediato, en que te pregunto y me respondes, en que me siento y te me subes encima, en que me despierto de noche con una patita tuya en la mano, que está lleno de la más instintiva y grandiosa felicidad.

Si yo pudiera darle a otros un minutito de la sensación que me provocas, es seguro que los animales abandonados y maltratados, se harían escasos. Todos querrían tener un compañero como tú.


domingo, 29 de julio de 2012

Bra

Cuando llegué a la tienda y pedí mi talla, no strapless pero con breteles desmontables, sin push-up, en color blanco o piel, y rebaje suficiente para usar con escote, la vendedora me miró como si hubiera pedido un dragón mitológico, que no lanzara fuego, color pistacho y con correita para llevarlo caminando a mi casa.
¿Cómo puede ser que una prenda que no se ve, sea tan difícil de encontrar?
Apostaría que para un hombre es difícil entender que sea tan problemático si finalmente, no se ve.
Usarlo es vital, no preferible, ni bueno. Quien diga que no, que me llame a los 40 y comparamos ¿ok?
El famoso asuntito éste del brasier es uno de los más complejos en la vida de una mujer. O sea, se puede sobrevivir con la talla equivocada y la dotación saliéndose por partes que no debe, sí, pero cuando uno encuentra aquel... maravilloso... como salido de un cuento de hadas... sostén que efectivamente "sostiene", que queda cómodo, que no se incrusta, que no se marca, que no es transparente y que además moldea, la vida cambia para siempre.
Pero si ya lo encontramos ¿cuál es el problema entonces? Que ese modelo, puede no ser eterno, y que esa misma talla en otro modelo u otra marca ¡ya no nos sirve! Si en la Oficina de Pesos y Medidas de París, pusieron un "metro" para que nadie invente su propio metro ¿por qué diablos no hacen un molde universal con todas las tallas de corpiño?
La última vez, compré dos, carísimos, de marca gringa, costura invisible, tirantes anatómicos y no sé qué. La misma talla que llevo usando años, pero en otra marca.... Desastre total y de vuelta a la tienda. Me costaron tan caros, que con la devolución compré un cuchillo de cocinero, dos maceteros, cojines y ropa de cama. Y luego a otra tienda, que es la única que vende la marca que probadamente me queda, y el notición: "es que el modelo nuevo es distinto".... Grrrrrr.
Me rendí. Momentáneamente, claro. Pero al salir anoche de la lavadora, mis últimos soldados sobrevivientes a tanto centrifugado, me recordaron que debo salir a abastecerme otra vez.

miércoles, 25 de julio de 2012

Lanzamiento libro DOWNTOWN!!

Esta historia parte el año 2008 cuando me dijeron que lo que yo escribía era como Sex and the City y las columnas de la Consuelo Aldunate.... ¿quién?
Sabía que con Sex and the City no tenía ni media línea en común, pero no conocía a la famosa Consuelo que mis amigas sí, así que la leí. Su estilo exigente y tan dedicado a la búsqueda de marido, no me conquistó, pero ya sabía con propiedad a quién se referían. Eso creía.

Mi sorpresa fue grande cuando supe que doña Consuelo ¡no existía! sino que era nada más el seudónimo de Claudia Aldana, la periodista que escribía en la YA su columna “Mi Primer Año con Fátima”, que no sólo me había encantado si no que era la razón de ser de mi suscripción al Mercurio, una vez que me di cuenta que era 0% ecológico recibirlo en papel y no leer más que dos revistas a la semana.

Un día le escribí y ella tuvo la idea de enviarme su mail y decirme “escríbeme cuando quieras”. Desde ese momento la he acosado por mail, y en cuanto vi este video en el verano http://www.youtube.com/watch?v=mjLpJboOQy4 , me acordé de la Fátima, de los deseos de Claudia sobre su total integración, y se lo mandé.

Seguí siendo ultra fan de "Mi primer año con Fátima", hasta que un día leí que se acababa. Desahogué mi sensación de abandono con Claudia y ella, empatizando con mi  pena (o tal vez tratando de evitar que me fuera a encadenar a las afueras de El Mercurio exigiendo que reconsideraran la columna....), me reconfortó con una invitación al lanzamiento de su libro “Downtown: Cómo un hijo con síndrome de Down mejora la vida” y me mostró su proyecto de sitio web www.unamamachilena.com

Después de varias semanas, POR FIN anoche, fue el esperado lanzamiento.
Había mirado la dirección en internet y hasta preguntado por mail al restaurant si había estacionamiento. En mi absurda ignorancia y previniendo la posibilidad de que la autora autografiara, partí a comprar el libro que, por su puesto, no estaba porque como me explicó el dependiente mo du lán do me palabra por palabra “ese libro se lanza hoy”, lo que era correcto, “así que llega a la librería el jueves” ¿¿de dónde pude yo suponer que iba a encontrar un libro si aún no se había lanzado?? Así que sin más, tomé rumbo al Restaurant CasaMar disimulando mis nervios de llegar a un lugar en que nadie me conocía ni por lejos.

Así fue que me estacioné según mi gps interior, en una callecita a la altura del restaurant. Estaba segura. Lo había memorizado. Así que agarré mis rositas bien cocorocas en papel celofán, y comencé mi caminata hacia el norte... llegué a la esquina y no estaba el restaurant... mmm... yo estaba segura, así que caminé hacia el sur.... miré hacia el frente... nada. La gente me veía pasar de un lado al otro con mis flores y yo me sentía como los que llevaban el ataúd en el Japenning con Ja. Decidí sentarme en un paradero, para poder maniobrar celular, flores y cartera, y busqué la dirección. Entonces supe que yo estaba al frente de donde debía, que el lugar tenía que estar a media cuadra y que la fachada del restaurant seguramente era mucho más discreta de lo que yo esperaba. Las mismas personas que me vieron pasear con mi ramo, me vieron caminar metros y metros hasta el semáforo, mientras ellos cruzaban a media cuadra nomás. Y nos encontrarnos en la puerta.
Una vez en la entrada, actitud. Mirar como que era una habitué de los lanzamientos e íntima amiga de la escritora. Y entré (confundida entre estos señores bien elegantes que me miraban a ver si me reconocían de alguna parte).

El restaurant es de un ambiente muy agradable. En el segundo piso estaba todo preparado, incluyendo una venta del libro con un encantador descuento, un salón dispuesto con testera y muchas sillas aún vacías. Pero yo, con mi único atributo de amiga por twitter, preferí quedarme de pie. Y me quedé en la entrada al ladito de la mesa de sonido. Entonces, una niñita de chaleco amarillo pasó por mi lado caminando y cuando subo la vista, la mismísima Fátima pasaba por mi hombro, en brazos de su papá, que era pura sonrisa. Al lado venía su mami que sonreía nerviosa y con un ojo en su Lules. Ver a estas dos niñitas, ya me emocionó, y como mi cerebro relaciona lágrimas con las historias que cuenta Claudia, ahí mismo me empezaron el nudo en la garganta y los ojos vidriosos.

Me deshice de tanta preocupación por el qué dirán, y me senté. Me ubiqué al lado de Cristopher, un joven con síndrome de Down que trabaja por las mañanas y pinta por las tardes, que fue con su mamá al lanzamiento. Claudia se instaló junto a quienes presentaban su libro. Su marido, en primera fila, se sentó con Lules a un lado y Fátima encima. Desde mi posición disimulada en la tercera fila, escuché a Neva Milicic contando que se "imeileaba" con Claudia, pero se acababan de conocer en persona. Y a quien presentaba el libro, diciendo que conocía a Claudia hacía sólo tres semanas ¡¡O sea que yo perfectamente podría estar presentando su próximo libro!! En ese momento me senté a mis anchas, al fin y al cabo, yo no era la única a medio conocer en esa ceremonia.
Sin desmerecer los discursos de cada uno, la estrella del momento era la Fati que, mirando sobre el hombro de su padre, dedicaba mega sonrisotas a los de la segunda fila. Y entonces Claudia comenzó a hablar. Todo lo que dijo fue fluído y simpático, como su libro. Disfruté sus agradecimientos, disfruté confirmar que es aún más simpática de lo que ya la imaginaba.
Cuando todos terminaron, el aviso fue que la autora firmaría libros. Sin buscarlo, quedé nada menos que cuarta o quinta en la fila. Ella, dulcísima, se tomó todo el tiempo del mundo con cada uno, mientras atrás se armaba una fila enorme y por poco silbaban "fifi fifiuuuu". Cuando llegué a su lado y le dije mi nombre, me reconoció diciendo "tú me mandaste el video..", nos fuimos de besos y abrazos, le entregué sus tres rositas (una por ella, otra por Lules y otra por Fátima), escribió una dedicatoria en mi ejemplar del libro y me despedí.

Ahí estaba yo, codo a codo entre la reportera de las madrugadas, Leo Caprile y Julia Vial. Y uno se da cuenta que son "gente como uno" ¿qué puede tener de especial la Julia Vial que no tengamos las demás? Aparte de la facha. Y los ojos... Y el cutis.... Y una sonrisa perfecta.... Y una bellísima hija con síndrome de Down.... ¡Ídola!

Con mi tesoro (libro autografiado) bajo el brazo, la misión había culminado. Pero quedaba algo... ¿sería que podía acercarme a la Fátima una vez más? Me instalé al lado de la señora que la custodiaba en sus brazos y me puse a conversar. Le pregunté qué era ella de la bebé y me dijo que su abuela.... ¡materna!... Ahí figuraba yo, pierna arriba, conversando de tú a tú con la mamá de la Claudia (nótese cómo pasé de "Claudia" a "la Claudia"), quien me contaba lo buena que era su nieta menor. Después de un entretenido rato y conversar con personas que se acercaban a guaguatear como yo, me despedí. Tomé la mano izquierda de la Fátima y me quedé con su aroma.

La Lules estaba toda feliz con una corona plateada en la cabeza y una sonrisa de oreja a oreja. Había niños con síndrome de Down, papás de bebés con síndrome de Down, todos felices en esta especie de fiesta por el respeto a la diferencia. Dí un vistazo más. Miré el entorno, el ambiente entretenido, hice contacto visual con unas empanadas que seguramente no eran aptas para vegetarianos, y me fui.

En el ascensor, subiendo a casa, leí la dedicatoria: "Para Sole, mi amiga virtual que me enseñó que ser diferente es normal. Un abrazo. Claudia". Y yo sólo  podría decirle "Gracias a ti por acercarme a la Fátima, a tus sentimientos, a tus temores, y a la alegría de una familia preciosa".

Volví

Tengo la peor rutina bloggera. Escribo cada tanto, y termino sin publicar, o sea que este pobre lleva años sin uso.
Pero bastó una bebita de un año y un par de meses, para convencerme de abrir un twitter y volver a compartir por aquí. No importa si nadie lo lee. Tampoco importa si mi twitter pocos lo siguen. Me pongo contenta al teclear, y eso es todo. Y la manera de celebrando es volver a pasar por aquí.

miércoles, 16 de junio de 2010

Chile de Fiesta

Sonó el despertador y lo siguiente que escuché fue una corneta de estadio de fútbol ¿la hora? 6:15 de la mañana. Era tan temprano para levantarse, que mi gata en vez de acompañarme como todos los días, se volvió a acostar.

Este día de junio, Santiago era otro. Chile jugaba su primer partido mundialero después de 12 años y unas largas clasificatorias.

Puede que en otros países exista vida "all night long", pero créanme que eso no sucede con Chile, en que somos remolones y tenemos la mala fama de llegar atrasados, incrustada en el adn.

Así que las bocinas antes del amanecer y el tráfico como de medio día, simplemente me emocionaron. Caminar a las 7 de la mañana, como nunca tan temprano para ir al trabajo, fue un gusto. El café de enfrente tenía una bandera de bienvenida y decoración con globos. En el negocio de abarrotes, también se colgó una bandera con un cartel "Vamos Chile" y hubo música festiva.

A esa hora en que suelen andar escasos caminantes, la esperanza de la hinchada tricolor hizo que el barrio llenara sus calles de pasos apresudaros y atuendos mundialeros.

Una pareja de jóvenes pololos, que seguramente nunca habían salido tan temprano hacia la universidad. Un niño con la cara pintada entre medio de sus padres, manchándoles las mangas con sus banderitas de maquillaje. Una competencia de vuvuzelas criollas entre unas jovencitas y algún estusiasta que les respondía desde un edificio. Un hombre con su novia tomada en una mano, y con la otra sosteniendo su gorro de tela. Los alumnos del colegio vecino llegando por montones casi una hora antes del inicio normal de clases. Un joven llevando del brazo a su amiga no vidente al lugar de encuentro (me pregunto a qué hora se levantó para pasarla a buscar). Y el hogar de ancianos tenía la tele prendida y el salón iluminado cuando pasé por ahí.

Si a uno le gusta el fútbol o no, este día era lo de menos. Lo mismo que el pronóstico de lluvia. Había televisores en las empresas, en los café, en las casas, en los restaurantes, en las vitrinas, en los paraderos de micro y una pantalla gigante en un edificio del centro. Quienes pasan la noche en la calle entre sus pocas pertenencias, por fin tenían una cita por la mañana. A las mujeres que no les gusta el fútbol, las levantaron sus hijos para estar temprano en el colegio. Las personas sordas, ciegas, discapacitadas o diferentes, se instalaron frente a la tele y nadie se preocupó de discriminar.

Este día, a nadie le importó la bulla ni el frío (ni el sentido del ridículo, a varios). No recuerdo otro momento que haya levantado a mi cuidad tan temprano. Se me viene el recuerdo de la noche en que el terremoto sacudió el sueño y sacó a las familias a la calle, pero para celebrar, nunca nos ví salir así. Nos sonreíamos sin saber quién era el otro, nos vestimos de rojo, organizamos desayunos, saboteamos prohibiciones de ver el partido.

Hoy me desperté agradecida por la felicidad del ambiente, pero agradecí al máximo el gol de ese equipo joven que no debe imaginar cómo el país madrugó para verlos mover esas lindas piernas (hay que decirlo) en el continente negro.
Ya es la mitad de la tarde pero cada cierto rato se escuchan vítores de fondo.

El que no participó de esta fiesta, fue porque no quizo, porque hubo entrada para todos.

Y aunque los académicos de la lengua digan que es una frase negativa, totalmente inadecuada para referirse a un país y de poco patriotismo, hay que decir lo que al hommo chilensis se nos sale en días como hoy: ¡¡Viva Chile Mierda!!

lunes, 18 de enero de 2010

Diario de una Baby-sitter

... Domingo 17 de enero... Elecciones presidenciales en Chile y la Sofi necesita una baby sitter...
Tengo el turno tomado. Me levanto temprano. Tengo que estar a las 9 y 30. Llego a las 10 y 15... ¡rayos!
Ella, bella, está vestida onda hippie y con cintillo, sentada entre cojines sobre la cama, como una CEO, mirando sus dvd en televisión. Su mami sirve desayuno mientras yo la vigilo para que después no le digan "caída del catre"... pero como una buena baby sitter sobreprotectora, ante la duda me la llevo en brazos a la cocina...
Tomamos desayuno. Todo en paz.
Su mami debe ir a votar. Las instrucciones son: actividad al aire libre para hacer hora, luego almuerzo a las 11 y 30. La silla se arma oprimiendo el botón naranja. El babero con mangas queda en las cercanías, lo mismo la libélula, Cangurín y Pablo (nombre que según su mami tiene el venado de Backyardigans, pero que en realidad se llama Tyrone). El pote de comida se debe calentar 45 segundos en microondas y al sacarlo se le echa una cucharadita de aceite omega 3. El postre se sirve con la otra cuchara y se le echa una cucharadita de lactulosa. Luego muda (se limpia con agua con glicerina o, eventualmente, lavado directo con agua en la zona afectada) y, posible siesta, por confirmar. Todas las instrucciones han sido retenidas en un 100%.
La mami se va. Nos deja en el jardín "siéntala en el pastito", me dice.
Estamos solas. WARNING - WARNING... El pasto está mojado. La subo al columpio a velocidad crucero, caras ridículas incluídas para que sonría. Se aburre y no habiendo nada más que hacer, subimos.
La bella niñita de cintillo sonríe en el ascensor camino al departamento.
La siento en la silla, activo cinturón de máxima seguridad y última generación. Pongo babero con mangas. Corro a la cocina: pote con comida, horno, 45 segundos y contando... Regreso, botón naranja y la misma Sofi me ayuda a instalar la mesita en la silla... se percibe cierta ansiedad... Me siento, el pote está caliente para mi. Soplo las cucharadas esperando algún reclamo por la temperatura... Nada... el reclamo se evidencia por la poca rapidez en la entrega de la comida... Todo en orden... En mis pensamientos me pregunto por qué quedan tan sucios los baberos si hasta el momento está limpio... Medio pote, y todo dentro de programa. Dos tercios de pote y... maña... Cara extraña.... por las dudas de que sea un desahogo estomacal, la dejo tranquila... Sigue la cara... acerco la cuchara, boca cerrada, ceño fruncido... Examino la zonas bajas por si hay algún aroma que me pueda indicar de qué se trata... nada... Nuevo intento con la cuchara... ¿esa es la Sofi? ¿esa cara roja con expresión poco amistosa es mi bella sobrinita?.... Otro intento con la cuchara. Me saco la comida que recibí en el pelo. Otro más, limpio los dedos de la Sofi que de rabia los metió en la comida. May Day, May Day.... llamo a la mami y me dice que si no quiere más, pase al postre. Voy por el postre, mi niña reclama. Cucharadita de lactulosa, revuelvo, me instalo, primer bocado y... bien... lo recibe. Segundo... tercero. El siguiente bocado no es bien recibido, saco los huesillos de mi cara. Cuarto, y la misma expresión de pocos amigos... Le canto, le bailo y le abro la boca a ver si resulta en ella un acto reflejo... La situación se complica. El babero ya no está inmaculado. El postre de huesillos se resbala por su boca cerrada a presión y se embetuna las manos. Me mira con rabia... se enrojece del enojo... y de pronto.... ¡lágrimas! una en cada ojito.... su boca, hasta ahora ocupada para comer, se abre para llorar...
Desarmo como puedo el babero, la mesa, la silla, y la llevo al mudador. Puede ser eso!!!!... ella me mira como diciendo "estás haciendo todo mal".... Saco la ropa. Ella llora. Está poseída por la ¿rabia? ¿pena? Sus ojos se hinchan (así de harto llora)... Le paso a Pablo (Tyrone)... eso me da una tregua minúscula para ubicar la glicerina y revisar si el pañal se cierra con Elmo adelante y el Monstruo Come Galletas atrás, o al revés. No hay "pantano". La muda se realiza de manera eficaz. Comienzo a vestir y.... ¡llanto! en Do # menor, allegro y nada de moderato. Tanto llora que me hace dudar. Reviso si el pañal está bien puesto, si no me faltó algo adicional.... La bebita llora como si la estuviera torturando... Sólo queda una posibilidad....
Abro la cuna, corro chupetes, sábana, manta.... Identifico un tuto... selecciono un chupete... acuesto a mi sobrinita que a esas alturas parecía más bien la sobrinita de Chuky.... y de pronto.... silencio.... sshhhhhh.....
Con mi adrenalina aún alta ante la emergencia.... no me fío de la situación... Corro cortinas para oscurecer... le saco el cintillo... Ella me mira de reojo, no sé decir si era para calmarse o decirme "¡ándate!". La vigilo desde la puerta... la miro... ella me mira... Se acomoda... La miro... me mira... ¡¡ERA SUEÑO!!
Llega su mami cuando ella duerme... y antes de irme, mucho rato después, voy a despedirme y ella... está despierta... sonriente... de algún modo se le deshincharon los ojos (a mi edad no se deshinchan ni en un día completo)... Le regala una sonrisa a su mami... ES COMO LA HISTORIA DE LA RANITA CANTORA.... "hello my baby, hello my darling... "... que sólo le cantaba al albañil que la encontró!!! Pero sí sucedió... sí sucedió!!!
Firma, Baby Sitter graduada en Sofilogía!
PD: camino a cumplir mi debe cívico.... unas pigmentaciones naranjas en mis brazos me hacen pensar que el bloqueador que me recetó el médico era medio autobronceante. No, era el postre pegoteado!!!

jueves, 17 de septiembre de 2009

Tía Primerisa

Existe de “un cuanto hay” para las madres primerisas, desde manuales hasta yoga, pero ¿alguien se ocupa de la tía primerisa?
La madre tiene varios meses para acostumbrarse a la idea de tener un bebé, leer libros y recibir consejos por montones de las mujeres que han sido madres antes que ella.
Por otro lado, la mayoría de las mujeres sin hijos, llega a los treinta habiendo cambiado varios pañales ya que suele haber una hermana, una prima, una tía joven del segundo matrimonio de la abuela, alguien, muy cercana, que ha sido madre y de cuyos bebés se han hecho cargo. Pero ¿qué pasa con las que no tenemos hermanas y nuestras amigas y primas le hacen el quite a la maternidad? Porque les digo, sí existimos!

Si a los treinta y cinco nadie te ha entregado una guagua para que la cambies, nisiquiera en tu familia, asumes que es vox populis tu absoluta ignorancia en el tema. Y te resignas a la idea de que llegarás a tener tus propios hijos sin el más mínimo entrenamiento en las artes de los potitos cocidos y los llantos por cólicos. Así que te relajas, porque nadie va a necesitar tus servicios hasta que el recién nacido ya tenga al menos un año y te pidan que lo cuides un rato por la noche, como mucho. Y las amigas con bebés, tienen sus propias hermanas, madres y cuñadas para que las ayuden, así que como “tía” estás simplemente, cesante. Esa era yo.

Hasta que de pronto.... zambomba! me llevan de sorpresa a un brindis que celebra el feliz embarazo de unos amigos siendo yo, la única invitada que no era de la familia. Y como si nada, se me pasan 8 meses y me encuentro gritando el nacimiento de una “niñita” arriba de una micro, camino a la clínica. Luego adquirí la costumbre de ir a verla una vez por semana para que no se me pasen muchos días... Le dí un día la mamadera, y mal, porque hasta eso me tuvieron que corregir: “el chupete tiene que quedar lleno de leche para que no le entre aire”. Pero fuera de todo pronóstico, y tal vez como premio al esfuerzo, su mamá fue insistiendo en que yo la desvistiera, vistiera, entretuviera....

Y me convertí en una tía de verdad!!!!

Pero no se crean, no es nada fácil. Hay que estar atenta a su crecimiento, a cómo le cambia el color a su pelo, a si las pantys le quedan cortas y a no ir a verla en un momento inoportuno. Se debe inventar una vocecita de bebé que combine con su cara y que además sea graciosa porque uno como tía tiene que caracterizarse...
Hay que aprenderse el orden de los calcetines, la panty, el body, la camiseta, antes de colocar la ropa y además dominar la técnica de poner todo eso, mientras la bebé se mueve.
De los pañales ni qué decir. Es una gran ayuda que ahora tengan dibujitos, porque uno se fija qué monito está adelante en el pañal que saca y así mismo coloca el limpio.

Y de eso, a babysitter... sólo hay un paso.