domingo, 29 de julio de 2012

Bra

Cuando llegué a la tienda y pedí mi talla, no strapless pero con breteles desmontables, sin push-up, en color blanco o piel, y rebaje suficiente para usar con escote, la vendedora me miró como si hubiera pedido un dragón mitológico, que no lanzara fuego, color pistacho y con correita para llevarlo caminando a mi casa.
¿Cómo puede ser que una prenda que no se ve, sea tan difícil de encontrar?
Apostaría que para un hombre es difícil entender que sea tan problemático si finalmente, no se ve.
Usarlo es vital, no preferible, ni bueno. Quien diga que no, que me llame a los 40 y comparamos ¿ok?
El famoso asuntito éste del brasier es uno de los más complejos en la vida de una mujer. O sea, se puede sobrevivir con la talla equivocada y la dotación saliéndose por partes que no debe, sí, pero cuando uno encuentra aquel... maravilloso... como salido de un cuento de hadas... sostén que efectivamente "sostiene", que queda cómodo, que no se incrusta, que no se marca, que no es transparente y que además moldea, la vida cambia para siempre.
Pero si ya lo encontramos ¿cuál es el problema entonces? Que ese modelo, puede no ser eterno, y que esa misma talla en otro modelo u otra marca ¡ya no nos sirve! Si en la Oficina de Pesos y Medidas de París, pusieron un "metro" para que nadie invente su propio metro ¿por qué diablos no hacen un molde universal con todas las tallas de corpiño?
La última vez, compré dos, carísimos, de marca gringa, costura invisible, tirantes anatómicos y no sé qué. La misma talla que llevo usando años, pero en otra marca.... Desastre total y de vuelta a la tienda. Me costaron tan caros, que con la devolución compré un cuchillo de cocinero, dos maceteros, cojines y ropa de cama. Y luego a otra tienda, que es la única que vende la marca que probadamente me queda, y el notición: "es que el modelo nuevo es distinto".... Grrrrrr.
Me rendí. Momentáneamente, claro. Pero al salir anoche de la lavadora, mis últimos soldados sobrevivientes a tanto centrifugado, me recordaron que debo salir a abastecerme otra vez.

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